Nobleza Gaucha


María Adelia Harilaos nació en Buenos Aires en 1865. Su madre, Carolina Senillosa, provenía de una familia de poderosos terratenientes y había sido educada en un ambiente muy acomodado. Ya casada con el español Horacio Harilaos, intentó mantener el mismo tren de vida desahogado, lo que provocó la ruina de su matrimonio. Abandonada por marido e hijos, que se instalaron en París, solo María Adelia, su única hija mujer, siguió junto a ella. Más tarde, el magnate cordobés Ambrosio Olmos, que había sido gobernador de la provincia en tiempos de Juárez Celman, se prendó de María Adelia, que ya tenía 30 años. A pesar de su fortuna, Olmos no pudo conquistar su corazón; pero intervino doña Carolina —deseosa de asegurarle a su hija una inmejorable posición—, quien arregló el matrimonio, celebrado en París en 1902. Olmos murió cuatro años más tarde y la unión seguía sin haberse consumado.

Dispuesta a consagrar una de las mayores fortunas del continente a obras de caridad, María Adelia no imaginó que comenzaba el año más doloroso de su vida. Su familia declaró demente a la virgen, la encerró en un internado francés y su patrimonio quedó bajo la administración de un hermano. Sin embargo, logró escapar: buscó un abogado, enjuició a los suyos y recuperó su fortuna. Entonces montó una empresa de beneficencia sin parangón, al punto que Pío XI la nombró marquesa pontificia en 1930. Cuatro años más tarde fue la encargada de organizar el XXXII Congreso Eucarístico Internacional en Buenos Aires. En su palacio de la avenida Alvear hospedó a Eugenio Pacelli, futuro Pío XII.

En 1947 Evita concurrió a esta casa acompañada de Perón. Era la primera vez que un miembro de la elite recibía al matrimonio, aunque se rumoreó que madame Olmos adujo un problema de salud y en ningún momento de la entrevista se levantó de su sofá. El gobierno preparaba la gira de Eva por Europa, y mientras tomaban el té negociaron un acuerdo: si la Primera Dama era recibida en el Vaticano con alguna pompa, se haría una excepción a la ley y la marquesa sería enterrada en una iglesia producto de sus tantas donaciones: las Esclavas del Corazón Eucarístico de Jesús, ubicada frente a la plaza Vicente López. A la marquesa este gesto le valdría ser tildada de peronista hasta el momento de su muerte, ocurrida en septiembre de 1949. Pero su sueño se vio realizado. El de Eva, en cambio, no pudo ser. La Guardia Suiza le concedió la misma recepción que a una reina; de Pío XII recibió su bendición, un rosario de plata y el grato recuerdo que Su Santidad conservaba de la Argentina. Pero ningún título nobiliario. En venganza, el donativo argentino al Vaticano fue más bien reducido. La oposición haría célebre un comentario de Eva a Alberto Dodero (financista del viaje), que aunque falso es ilustrativo del estado de ánimo tras el encuentro: “No les des un carajo, que nos vamos con las manos vacías”.

Fragmento de “Buenos Aires tiene Historia” (Aguilar, 2008).
Autores: Watson/Rentero/Di Meglio (Eternautas)


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15:00 hs.
Precio: $30


Punto de encuentro: Monumento a Carlos Pellegrini (Alvear y Libertad).